pesar de tener este recorrido dos
matíces diferentes, ambos llevan a la reflexión
y a disfrutar de la naturaleza: La Selva Salteña,
y el desafío de internarse entre lechos arbolecentes
de tres metros de altura o pescar dorado en el Río
Bermejo; o Iruya un lugar que permite recorrer el pasado
enmarcado en altas montañas
Selva
Salteña
Tomando
RN 9 con rumbo este y luego RN 34 se atraviesa
parte de la provincia de Jujuy para reingresar
a Salta. Es una zona tropical donde las localidades
más importantes son Orán, Tartagal,
Embarcación y Salvador Mazza, con dos pasos
fronterizos a Bolivia.
En el recorrido nos encontramos con montañas
cubiertas de selva, comunidades aborígenes
de gran producción artesanal, explotaciones
petrolíferas y cultivos tropicales.
La zona ofrece excelentes parajes para practicar
la pesca de dorados, surubíes y bagres.
Por RN 50 se accede al Parque Nacional Baritú,
con selva de Yungas, donde se accede en 4x4.
Es lugar incomparable para practicar el turismo
de aventura de alta preparación.
Parque
Nacional Baritu
Relieve
escabroso surcado por ríos torrentosos
en verano, vegetación verde y tan diversa
como la fauna. Una verdadera inmensidad natural
con profundo olor a hojas y a tierra mojada. Un
lugar casi inaccesible para el sol por la densa
flora y también para el hombre por su magnitud
desconocida. Así es el Parque Nacional
Baritú, creado en 1974, donde la selva
tropical alcanza su máxima expresión
y la naturaleza virgen se regocija en sus ejemplares
únicos.
Con 72.000 hectáreas, Baritú se
sitúa en el departamento de Santa Victoria,
al Norte de Salta, en el límite con Bolivia.
Es el único parque tropical de la Argentina
por la influencia del Trópico de Capricornio
y es considerado una de las reservas mejor protegidas
del mundo, ya que está rodeado de una serie
de accidentes geográficos que hacen muy
difícil el acceso a este mangnífico
territorio verde. El parque está naturalmente
cerrado por cuatro cadenas montañosas:
al Norte se ubica la Sierra del Porongal, al Este
la serranía de Las Pavas de 2.000 metros
sobre el nivel del mar, al Sur el Cerro Negro
y las sierras del Río Pescado, y al Oeste
las serranías de los Cinco Picachos, de
1.900 metros sobre el nivel del mar.
A pesar de las numerosas expediciones que lograron
recorrer el parque, Baritú sigue siendo
un gran desconocido que no ha mostrado aún
todos sus secretos, provocando el interés
constante de estudiosos, investigadores, deportistas
y aventureros.
El
profesor José Fadel, que ya lo cruzó
tres veces, asegura que las sensaciones dentro
del parque son inexplicables e intransferibles.
Cuenta que una expedición con gente especializada,
"en seis días logra hacer la travesía,
recorriendo 20 kilómetros en cada jornada".
Describe que el ambiente de la selva tropical
"es como un baño turco porque no entra
casi el sol entre la vegetación tan densa
y es muy fuerte el olor de los vegetales que alfombran
la tierra". Al Baritú le dicen nubo-selva
por las permanentes lloviznas y nubes que se levantan
e impiden el paso de los rayos solares, lo que
crea un microclima muy húmedo.
Para llegar al Parque Nacional Baritú hay
que preparar una expedición con gente que
conozca la región y elegir el invierno
o la primavera preferentemente, porque en verano
es imposible el acceso por el gran caudal de los
ríos y arroyos que surcan el parque. Además,
la fauna peligrosa se moviliza en el verano con
las grandes lluvias y el sol penetrante.
Hay tres
posibilidades de acceso a la reserva:
·
Ir desde Salta hasta Orán y desde allí
hasta Aguas Blancas por la ruta 50 y cruzar el
río Bermejo. Ya en la localiodad de Bermejo
en territorio boliviano se pasa por Nogalito,
La Mamora, se cruza de nuevo el río hacia
el lado argentino arrivando a la localidad de
Los Toldos; se llega al río Lipeo y de
ahí a Baritú en un recorrido total
de 464 kilómetros.
·
Ir desde Salta hasta Orán, luego hasta
Aguas Blancas y desde allí hasta Angosto
del Pescado, donde se remonta el río por
espacio de 8 kilómetros y se llega a la
junta de los ríos Porongal y Pescado, ya
adentro del parque. El viaje por el Angosto es
de una belleza incomparable. Esta opción
tiene un recorrido de 360 kilómetros.
·
Ir desde Salta hasta Orán, llegar al Río
Blanco y desde allí atravesar los ríos
Piedras, Astilleros, Iruya, Alisar y llegar al
Río Porongal donde se atraviesa la sierra
del Angosto del Porongal y se entra a la selva.
Esta alternativa abarca un recorrido de 380 kilómetros.
Las actividades
para los visitantes que deseen armar una expedición,
ya que es el único modo de entrar, serán
sin dudas, variadas e inolvidables. Baritú
ofrece para los aventureros un verdadero safari
tropical, aunque no cuenta con infraestructura
para el turismo. Los interesados en tener información
sobre la forma de conocer por dentro el Baritú
pueden contactarse con el Club Amigos de la Montaña
de la ciudad de Salta, cuya dirección es
la calle San Luis 510, el teléfono es 0054-387-395460
/ 4245200 y el e-mail: oriz@arnet.com.ar
Las reuniones de la gente del club se realizan
todos los martes a las 21 horas, en la sede de
la institución.
La
Flora
En
el silencio profundo del Parque Nacional
Baritú se puede escuchar hasta la
caída de una hoja sobre la tierra
húmeda y el ambiente permanece impregnado
de intensos aromas verdes. Este es el ámbito
donde la vegetación más densa
y tropical se desarrolla plenamente.
Aquí crecieron sin riesgos, árboles
que alcanzaron gran talla como cebiles,
nogales, cedros, robles, quinas, laureles,
afatas, palos amarillos y tipas blancas
que alternan con arrayanes, guayabos, matos
y helechos arborescentes que resultan impresionantes
a la vista.
A pesar de la escasa luz solar que entra
al parque, abundan los bosques de lapachos
que expresan todo el colorido que sólo
la naturaleza puede poner en sus racimos
de flores rosadas, blancas y amarillas.
El suelo y los troncos de los árboles
de la reserva también están
salpicados de orquídeas azules, fuccias,
blancas y amarillas y otros tonos vivos
y bien definidos. No faltan las lianas y
enredaderas de tamaños increíbles
y las pequeñas junglas de apretados
cañaverales.
Entre
los á rboles raros que tiene el parque,
se destaca el Ficus Maroma, conocido como
"el arbol asesino" porque sus
tallos largos se envuelven en los troncos
de otros árboles dándoles
tantas vueltas que terminan por ahogarlos
y aveces, hasta los arrancan. El parque
se ha convertido en un sagrario perenne
de la flora y la fauna para que las generaciones
futuras puedan recrear su espíritu
en la contemplación de la naturaleza
virgen.
La
Fauna
Las negras noches del Parque Baritú despiertan
todo tipo de sonidos sorprendentes. Son las voces
de los animales desconocidos que salen a buscar
su alimento. La fauna que habita este vasto territorio
es abundante y no está totalmente definida.
Pero se sabe que es el refugio natural de tigres
o yaguaretés, pumas o león americano,
tapires, ardillas rojas, gato onza u ocelote,
zorros, osito lavador o mayuato, corzuelas, pecaríes
y osos meleros. También hay tropillas de
monos caí, carpinchos, liebres y supuestamente
existe el "oso de anteojos" que es un
animal muy grande que supo asustar a más
de un cazador aventurero.
Bandadas de loros sobrevuelan el parque y otras
aves típicas de la reserva son el colorido
tucán, las hurracas, el halcón tijereta,
patos, pavos y garzas, entre otras variedades
de pájaros multicolores.En Baritú
vive el águila más grande del mundo,
conocida con el nombre de "águila
arpía".
En el río Porongal y en el Pescado, se
observan verdaderos cardúmenes porque nadie
tiene la costumbre de pescar adentro del parque.
Así, bagres, sábalos y dorados de
gran tamaño, entre otros peces, pueden
observarse a través de las aguas cristalinas
de los generosos cauces naturales que surcan la
reserva nacional.
Iruya
Una
segunda vertiente del circuito norte consiste
en tomar la RN 9 desde Salta, atravesar San Salvador
de Jujuy y continuar hasta Humahuaca. Allí
se empalma con RP 133 para arribar a Iruya, un
pequeño pueblo de raíces indígenas
erguido sobre una meseta a 2780 m.s.n.m.
Entre
montañas Iruya es un pueblo de
ensueño. Su iglesia, sus casas
y empinadas callecitas de piedra hablan
de las formas típicas de la vida
de su gente, resguardándolo del
fragor de las grandes ciudades, pero con
todo el confort en su hostería.
Como salido de una postal, Iruya invita
al descanso y a la meditación,
pero también al asombro a través
de cabalgatas, recorridos que salen regularmente
desde Salta hasta refugios como El Cóndor,
caminatas o la práctica de trecking,
a los caseríos aledaños.
Su
nombre significa "Paja brava"
o "Lugar de los pastos altos"
en quechua. La más importante de
todas las festividades tiene lugar el
primer fin de semana de octubre, con los
cultos de la Virgen del Rosario, donde
lo pagano y lo religioso se confunden
en un sincretismo único.
Cientos de lugareños movidos por
su fe participan de los actos religiosos
cantando, rezando y ejecutando instrumentos
autóctonos (quenas, cajas y sikus).
Acompañan la música con
el baile típico de los "cachis",
un grupo de disfrazados con máscaras
cuya danza simboliza la eterna lucha del
bien y el mal.
Al
pie de Iruya, en el lecho de su río,
se origina el comercio de trueque establecido
entre sus pobladores, los habitantes de
la Alta Puna y localidades aledañas.